'La biblioteca fantasma': la corrupción que deja que un país robe su propia historia.
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| Más de 3,000 libros fueron robados de la Biblioteca Nacional del Perú (USI) |
El periodista
David Hidalgo se preguntó ¿Cómo la corrupción se apoderó de la institución
cultural más antigua del Perú? Buscando las respuestas y desenmascarando
una historia llena de héroes y villanos presentó su libro “La biblioteca
Fantasma”.
Por el contrario, de sucumbir en una alegría al autor por culminar de
escribir las últimas páginas de su libro el periodista no pudo contener las lágrimas
al narrar la historia de cómo la Biblioteca Nacional del Perú (BNP) estaba
envuelta en casos de corrupción por sus directivos que permitieron que miles de
obras fueran saqueadas durante décadas. Con gran tristeza e impotencia, pero
sentido de responsabilidad envió sus escritos a la imprenta, donde se señala
culpables y se explica daña a nuestro país perder libros que representan
nuestra historia. Asimismo, se revela la impunidad que existe en BNP.
LIBROS PERDIDOSLa primera vez que Ramón Mujica cayó en cuenta de que los libros históricos de la BNP eran un manjar para los ladrones, fue al mes de asumir como director de la biblioteca, en 2010. Escondida en un escritorio olvidado en la azotea del viejo edificio de la avenida Abancay, halló la correspondencia del expresidente Andrés Avelino Cáceres. Las cartas habían sido colocadas allí estratégicamente por los delincuentes para hacer más fácil su salida. Iban a ser robadas.
Aquella vez, Mujica conoció al monstruo. Un espécimen que ya había
sorprendido un año antes a Hidalgo, autor de ' La biblioteca fantasma'
(Planeta, 2018), cuando un coleccionista se contactó con él para contarle que
había adquirido cuatro libros de la BNP en el mercado negro. Por
primera vez ahondaría en información sobre las mafias y el mercado negro en
torno a libros robados. “Uno sabe de episodios trágicos como el incendio de la biblioteca o
el saqueo en la guerra con Chile, pero enterarse de que los robos de obras
históricas siguen ocurriendo es duro”, cuenta impotente.
El texto presenta
pruebas de que el saqueo era atroz. La biografía de un santo, un tratado de
metalurgia, la venta ilícita de un catecismo en quechua son solo algunas de las
pérdidas. En su camino, el periodista encontró en Mujica a un aliado. “Era un
cruzado”, dice sobre el director (un experto en literatura y arte medieval) que
inició la campaña ‘Se buscan libros perdidos’. Una gesta que pretendía
recuperar los más de 3 mil ejemplares extraídos de la BNP.
ENTREVISTA A DAVID HIDALGO
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| David Hidalgo, periodista y autor de "La biblioteca fantasma". |
¿Se imaginaba la magnitud de lo que se iba a enfrentar en su
investigación?
-Fue una sorpresa conocer los mecanismos internos y la larga data de
episodios de robo de libros que han quedado en el olvido. Uno sabe de episodios
trágicos como el incendio de 1943 o el saqueo de libros en la guerra con Chile,
pero enterarse de que eso está ocurriendo en tiempos relativamente recientes es
sorprendente. A veces vemos a los libros como un grupo de objetos lejanos, pero
tienen que ver mucho con la historia, con la memoria, con la manera que
entendemos la religión, el amor, la ética. Todos esos temas están reflejados en
libros de hace 300 o 400 años. La investigación me permitió reconstruir los
mecanismos de la impunidad y descubrir la fascinación por estos libros, por qué
la gente los codicia.
Si bien es un texto que recoge los hurtos, también relata las gestas de
varios personajes que compraron libros para devolverlos a la BNP. O de casos de
personas que se compraron conflictos solo con el afán de salvaguardarlos. ¿Qué
motiva a estos pequeños héroes?
-Me pareció emotivo, eran pequeñas cruzadas. Un esfuerzo idealista que a
veces extrañamos. ¿Sabes que en 1954 para recuperar un libro que perteneció al
Inca Garcilaso hubo una colecta pública, casi un teletón de la época? Todo el
mundo coincidía que era un objeto que había estado en las manos de un peruano
ilustre. Esa idea de que toda la gente se junte para recolectar dinero por un
libro es casi utópica, pero en décadas pasadas ocurría. Esas historias me
parecían emocionantes, las quería rescatar.
El libro también es un perfil del ex director de la BNP, Ramón Mujica
(2010 - 2016) ¿Cómo lo describiría?
-Al final del libro me hago una serie de preguntas sobre qué tipo de
personaje era Mujica. Una vez le pregunté que por qué a pesar de todos los
obstáculos que había para la búsqueda de los libros seguía investigando. Podía
dedicar sus energías en otras cosas. Él me respondió: “Yo hago esto porque
estudié la Edad Media y creo en los cruzados y creo que es un deber que el país
pone en mis manos”. Su lucha me pareció épica, singular. El sacrificio que
supone eso es la ética medieval del cruzado. Ramón es un experto en la
literatura y el arte medieval.
Me sorprendió que haya un tipo así. Me hacía recordar al profesor Robert Langdon de ‘El Código Da Vinci’. No es de los académicos que están en una torre de marfil sino te explica todo de manera fascinante. Todo eso, traducido a una persona que tenía que desentrañar un misterio interno de años, intereses y componentes para ocultar todo.
Me sorprendió que haya un tipo así. Me hacía recordar al profesor Robert Langdon de ‘El Código Da Vinci’. No es de los académicos que están en una torre de marfil sino te explica todo de manera fascinante. Todo eso, traducido a una persona que tenía que desentrañar un misterio interno de años, intereses y componentes para ocultar todo.
¿En qué falló?
-Alguna vez le pregunté por qué no había despedido a la gente que,
evidentemente, tenía un grado de responsabilidad bastante fuerte en la pérdida
de libros. Su respuesta fue que los abogados le habían dicho que esperara a que
la justicia funcionara y los sancionara. Eso, desde mi punto de vista, sería
imposible. Los mecanismos de impunidad, como ocurre en otros casos grandes del
país, hacen que los procesos se enreden por errores técnicos intencionales o
por simplemente la desidia de los fiscales, que no entienden absolutamente nada
del patrimonio. Me pareció sorprendente que, en un espacio cultural, dedicado a
la investigación y algo tan maravilloso como la cultura, también se dieran esas
dinámicas de la corrupción.
Menciona con nostalgia el interés de la población por comprar y
recuperar libros históricos en años anteriores. ¿Por qué cree que se ha perdido
esa forma de creer en la cultura?
-Parte de la distancia que se ha generado entre peruanos y su propia
identidad. Se entiende el libro como algo ajeno, lejano. Posiblemente vamos a
la guerra por unos mantos Paracas, pero si hablamos que alguna vez se reportó
casi cuatro mil o cinco mil libros perdidos o no ubicados, simplemente no pasa
de una nota de un periódico. Una bibliotecaria me dijo que para entender lo que
perdemos, es como si alguien se metiera en tu casa y de todas tus cosas de
valor se lleva tu álbum familiar, tus documentos más íntimos. Perderás el
sentido de identidad, de saber quiénes eran tus antepasados.
¿Durante estos años de investigación, conoció a algún político
interesado en estos casos?
-Ninguno. Hay algunos políticos como Víctor Andrés García Belaunde que
se preocupan por estos casos, pero son aislados. El caso más claro es lo que le
ocurrió a Jorge Basadre, cuando fue ministro de Educación. En sus memorias dice
que inició 14 procesos judiciales, pero ni uno funcionó porque simplemente la
burocracia los terminó por consumir.
“No hay una sola persona en el país que cumpla prisión por tráfico o destrucción de patrimonio”, se queja David Hidalgo
Al lector lo acompaña una mezcla de dolor e indignación mientras avanza
en la historia. ¿Qué emociones lo acompañaron a usted en el proceso de
escritura?
-Fue mucha frustración, ira, porque creo que hubo mucha gente que pudo
detener esto, como los directores de la BNP, trabajadores, fiscales, ministros.
Ellos pudieron parar este saqueo de décadas y no lo hicieron. Por otro lado,
pude ver que tuvimos personajes heroicos, como Ricardo Palma, Jorge Basadre,
Carlos Cueto Fernandini y una serie de directores que pusieron su vida. Que
fueron conscientes del cargo histórico que significa ser director de la BNP.
¿Cómo afecta a un país el perder un libro histórico de su Biblioteca
Nacional?
-Hay un sentido de tragedia. Son piezas de un rompecabezas donde estamos
todos. Los libros explican la manera de ser de los peruanos, el origen de la
manera de entendernos. Ahora que se habla mucho del racismo quizás no se
entiende que hace décadas hubo debates sobre el problema del indio. A su vez,
este debate se nutrió de documentos de la época de la independencia para tomar
ideas. Y podemos seguir retrocediendo a la colonia.
Un libro no es una cosa que un estudioso va a guardar en una caja fuerte, es algo vivo. Alguien en algún momento va a volver a revisarlo y se le va a ocurrir una idea que va a enlazar con otra. Lo que perdemos va a afectar a la historia general de la humanidad.
Un libro no es una cosa que un estudioso va a guardar en una caja fuerte, es algo vivo. Alguien en algún momento va a volver a revisarlo y se le va a ocurrir una idea que va a enlazar con otra. Lo que perdemos va a afectar a la historia general de la humanidad.
¿Cuál es el objetivo de ‘La Biblioteca Fantasma’?
-Por fortuna el libro logra transmitir esa sensación de impotencia y
frustración que experimentan los personajes y también yo, como escritor, lo
experimento. El que ha leído entiende la importancia de los libros que
teníamos, los cuales se perdieron en un contexto de total impunidad. Se
convirtió en una obsesión personal tratar de descubrir alguna pista que
permitiera asumir responsabilidades de los objetos robados pero también hacer
que más personas se interesaran del tema.
¿Cómo se enteró de la salida de Ramón Mujica en 2016?
-Lo curioso es que pude seguirlo desde el primer día de su gestión hasta
su salida. Es un cierre trágico, no es una historia feliz. Con el tiempo, he
llegado a saber que Mujica ha tenido la sensación de que todo ese esfuerzo de
seis años se desvaneció rápido.
¿Tiene esperanza que la recuperación de libros perdidos vuelva a ser una
prioridad?
-No. Cada nueva autoridad toma su propio rumbo y los más beneficiados son los que se quedan como parásitos. ¿Tú crees que alguien de la biblioteca me ha llamado para que yo le explique lo que he encontrado en la investigación o ha tenido el gesto de decirme si estoy equivocado? Si yo fuera director y veo que se ha publicado un libro que denuncia cosas que han pasado en la institución que dirijo, lo llamo de inmediato para que me explique lo que ha pasado, sería lo mínimo.
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| Afiche de campaña 2011 - 2017 "Se buscan libros perdidos" |
Fuente: Perú21



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